ESTILOS DE APEGO, RELACIONES INTERPERSONALES FUTURAS y TRASTORNOS PSIQUIÁTRICOS

A veces me preguntáis porqué doy tanta importancia al tipo de apego que tiene el niño o niña y el adulto. Porqué insisto tanto en repararlo con Método SHEC.   Espero que este artículo te ayude a entenderlo.

QUÉ ENTENDEMOS LOS PSICOLOGOS POR APEGO

John Bowlby fue el primer psicólogo en describir y estudiar los tipos de apego (1958).

Bowlby descubrió que era necesaria una figura estable junto al niño en sus primeros años de vida para un correcto desarrollo cognitivo y emocional posterior.

Entendemos por apego aquel vinculo que se establece el niño con un cuidador principal (normalmente la madre y el padre pero si no están puede ser hacia aquella figura que ejerza de cuidador) y que prevalece por encima de otras necesidades biológicas. Aunque desarrollaremos apego hacia diferentes figuras a lo largo de nuestra vida, el que más cuenta y el principal es aquel que se establece entre madre (o sustituto) e hijo. El apego se entiende como un vínculo con un lazo afectivo muy fuerte que determinará el desarrollo posterior de la personalidad del niño, su forma de relacionarse con los demás y con todo lo que le rodea. El apego también influirá en como se ve a si mismo.

EFECTOS DE LA PÉRDIDA DEL APEGO

Antes de los 6 meses no son tan graves pero a partir de los 6 meses y hasta los dos años (etapa 3 de la construcción del apego) si pueden aparecer problemas. Las separaciones breves frecuentes son algo a lo que el niño debe acostumbrarse, pero una perdida de la figura de apego prolongada pueden tener efectos bastante severos en la personalidad del niño aunque no tienen porque en un principio significar patología mental grave en la adultez, sin embargo hay situaciones como las adopciones o largas hospitalizaciones que pueden causar efectos a largo plazo en el niño:

  •   A corto plazo → Estrés, agitación y depresión.
  •  A largo plazo → En los casos en los que el niño no se adapte a la situación y no establezca nuevas figuras de apego los efectos a largo plazo son bastante severos: retraso intelectual (más profundo en el lenguaje), problemas en las relaciones sociales e incluso mortalidad.

ESTILOS DE APEGO Y RELACIONES INTERPERSONALES FUTURAS

Sears 1989, (citado por Aizpuru, 1994), menciona que el apego a la madre o cuidador primario es sólo uno, el primero de tres apegos verdaderos que ocurren en la vida. El segundo sería en la adolescencia tardía, la búsqueda del segundo objeto: la pareja. El tercero sería hacia el hijo o hijos.

Ojeda, A., y Díaz, R. (2000) mencionan que se pueden apreciar dos enfoques de estudio hacia los estilos de apego y su influencia en las relaciones interpersonales; por un lado, hay investigadores que se han abocado a explorar si la historia de un individuo podría influir en su estilo de apego hacia parejas románticas durante la edad adulta, tal como el realizado por Ochoa y Vázquez (1991) (citados por Yela, 2000), que mencionan que la adquisición de respeto y de confianza (en uno mismo y en los demás) serán buenos predictores de la satisfacción amorosa adulta . Mientras que por otro lado, se han interesado en el proceso de cómo la gente con determinado estilo de apego mantiene sus vínculos afectivos en sus relaciones cercanas, moldeando la forma y el contenido de las mismas. Los estudios se han enfocado a analizar los modelos de trabajo internos que se forman a partir del proceso de socialización y del acumulo de experiencias agradables vs. Desagradables que se viven con la figura de apego. Tales modelos de trabajo tienen la función de guiar las expectativas individuales de acercamiento-alejamiento hacia la figura de apego.

Relaciones románticas

Hazan y Shaver han propuesto la “Teoría del apego sobre relaciones amorosas” en la que, establecen un paralelismo entre el tipo de relación amorosa adulta y el tipo de apego a la madre en la infancia. Ese vínculo niño-madre tenderá a reproducirse en la relación amorosa adulta futura. Aunque deja abierta la posibilidad del cambio en la socialización Según Wilson y Nias (1976), muchas formas de intimidad en las relaciones amorosas adultas (lenguaje, cogerse de la mano, abrazarse, etc.) son reminiscencias del contacto con los padres. Los amantes adultos se turnan en la interpretación de los roles de niño-a y padre-madre.

Feeney y Nooler (1991) (citados por Yela, 2000) constataron diferencias en la idealización de la pareja, en función de los estilos de apego. Los más idealizadores fueron los “amantes ansioso”; los amantes “evitadores” fueron los que menos idealizaban a su pareja, mientras que los amantes “seguros” mostraban un nivel intermedio de idealización. Yela (2000), por su parte encontró que los “amantes posesivos” eran más idealizadores que los “amantes compañeros”, siendo los más idealizadores los “amantes lúdicos”. Se ha constatado que la fidelidad sexual presenta una elevada correlación con el estilo amoroso “maniaco” o “posesivo”. Respecto a la satisfacción, los “pasionales” tienden a resultar los de mayor satisfacción amorosa, mientras que los “posesivos” aparecen como los de menor satisfacción tanto amorosa como sexual.

Varios estudios han determinado que algunas características que se presentan en las relaciones íntimas que establecen las personas tienen mucho que ver con sus estilos de apego individuales. Las personas con estilo seguro tienden a desarrollar modelos mentales de sí mismos como amistosos, afables y capaces, y de los otros como bien intencionados y confiables, ellos encuentran relativamente fácil intimar con otros, se sienten cómodos dependiendo de otros y que otros dependan de ellos, y no se preocupan acerca de ser abandonados o de que otros se encuentren muy próximos emocionalmente. Las personas con estilos ansiosos tienden a desarrollar modelos de sí mismos como poco inteligentes, inseguros, y de los otros como desconfiables y reacios a comprometerse en relaciones íntimas, frecuentemente se preocupan de que sus parejas no los quieran y sienten temor al abandono. Los con estilo evasivo, desarrollan modelos de sí mismos como suspicaces, escépticos y retraídos, y de los otros como desconfiables o demasiado ansiosos para comprometerse en relaciones íntimas, se sienten incómodos intimando con otros y encuentran difícil confiar y depender de ellos (Simpson, J. 1990; citado por Gayó, 1999)

Siegel (1986) ha subrayado el importante papel del amor como estimulador del sistema inmunológico (citado por Yela, 2000).

Celos fraternos y apego infantil

En cuanto a la influencia de los estilos de apego en los celos fraternos, se ha encontrado que para que los celos aparezcan debe establecerse el apego hacia la figura materna. Se debe poseer el cuidado, atención, protección y cariño de la madre (Ortigosa, 1999).

El apego que conlleva a los celos fraternos transcurre por los siguientes estadios: 1) preferencia por los miembros 2) interacción privilegiada con las figuras de apego sin rechazar a los desconocidos 3) interacción de forma privilegiada con las figuras de apego y rechazo de los desconocidos 4) vinculación, conflicto e independencia 5) paso de la tríada a la tétrada familiar; ante esta situación a) la madre disminuye las interacciones positivas y aumenta las prohibiciones y fricciones, b) el niño aumenta sus conductas de apego hacia la madre, incrementa sus reacciones negativas, regresivas y otros síntomas. Los celos aquí experimentados son inevitables en la fase de independencia de la figura de apego (López, 1984, citado por Ortigosa, 1999)

Para Dunn (1986) (citado por Ortigosa, 1999), existe una mayor vulnerabilidad cuando la llegada del hermano se produce antes de los cinco años, debido a que la dependencia respecto de la madre todavía es tan elevada que la ruptura del vínculo establecido afectará con mayor intensidad a un niño pequeño.

Los niños con un temperamento negativo tienden más a incrementar la introversión, problemas de sueño y la dependencia tras el nacimiento de un hermano. Cuando se trata de niños a los que se ha atendido sus necesidades y peticiones con prontitud, pueden tolerar de mala gana las inevitables demoras que se producen al tener que atender al bebe. Se acentúa la baja tolerancia a la frustración (Ortigosa, 1999)

TRASTORNOS PSIQUIÁTRICOS Y EL APEGO

La naturaleza de muchos tipos de trastornos psiquiátricos, los estados de ansiedad y depresión producidos en la vida adulta pueden relacionarse de manera sistemática con los estados de ansiedad, desesperación y desapego descriptos por Burlingham, Freud y otros. Estos estados se provocan fácilmente, siempre que se separa a un niño pequeño de la figura materna durante un periodo prolongado, cuando aquél prevé la separación, o cuando la separación es definitiva (Bowlby, 1985; 1998).

También se han realizado investigaciones con el fin de demostrar que los distintos estilos de apego están asociados a ciertas características personales sobre todo con los trastornos de ansiedad, depresión y el trastorno limítrofe de personalidad (Meyer, Pilkonis, Proietti, Heape, & Egan, 2001; Bifulco, Moran, Ball. & Bernazzani, 2002; Gerlsma, & Luteijn, 2000). Por ejemplo, Buchheim, Strauss, y Kächele (2002) observaron que existía una asociación entre el estilo de apego ansioso, las experiencias traumáticas sin resolver, y el trastorno de ansiedad y la personalidad limítrofe. Rosenstein, y Horowitz (1996) por otro lado, demostraron que los adolescentes con una organización de apego evitativo eran más susceptibles a desarrollar problemas de conducta, abuso de sustancias, trastorno de personalidad narcisista o antisocial, y rasgos paranoicos de la personalidad. Mientras que aquellos con una organización de apego ansioso eran más susceptibles de desarrollar trastornos afectivos o un trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo, histriónico, limítrofe o esquizoide (citados por Valdez, 2002)

CONCLUSIONES

Vemos que se observa la importancia del desarrollo de un apego seguro para el buen desenvolvimiento durante la vida de cada una de las personas. El papel de las figuras de apego, la consciencia del cuidado y responsabilidad que recae sobre cada una de ellas nos recalca la trascendencia de la información acerca de que la atención al infante desde el nivel prenatal influye en la evolución diaria de la persona. Se comprueba que más que cantidad de interacción con la madre, lo que importa es la calidad de ella, tal y como lo demuestran las investigaciones realizadas alrededor del trabajo de la figura de apego y sus repercusiones posteriores. De igual forma, la escuela como agente socializador, fomenta experiencias ambivalentes en los pequeños desde muy temprana edad. La reacción que se tenga hacia ella dependerá de la interacción que se tenga en la familia, del temperamento del niño y en muy buena medida de la aceptación e integración que se encuentre tanto de los compañeros de clase (que pueden actuar como el mayor apoyo social en etapas claves del desarrollo) como de los maestros que en muchas ocasiones son las principales figuras de apego durante el proceso de “independencia” de los padres. Cada etapa del desarrollo humano tiene funciones propias que provocan un equilibrio o desequilibrio en la persona según sea o no resuelta satisfactoriamente, y para que el niño enfrente de la manera más saludable y positiva dada una de dichas etapas, es fundamental el desarrollo de la seguridad realista acerca de las posibilidades de un enfrentamiento positivo con el ambiente. También, se destaca la relación estrecha que se tiene de los estilos de apego con las relaciones interpersonales a desarrollar a lo largo de la vida, tanto desde la elección de amigos como de la pareja amorosa en cuestión, subrayando igual que cada individuo puede variar a través de la experiencia en su reacción característica hacia la vida aunque los primeros años marquen de manera trascendental nuestra confianza hacia el mundo externo e interno.

Con Método SHEC te vamos a ayudar a restaurarlo. Como acabas de leer, es  básico si queremos trabajar ansiedad, angustia, depresión, estados de soledad, baja autoestima, falta de habilidades sociales.

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