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DEPRESIÓN Y NUTRICIÓN

  • ¿Por qué en la investigación de la depresión el placebo es tan eficaz?
  • ¿Por qué 1/3 de las depresiones no mejoran con los tratamientos actuales, los llamados “resistentes”?
  • ¿Cómo evitar la recaída y cuando se tiene que eliminar la medicación?

Es normal que la línea más rápida de investigación se haya basado en los receptores cerebrales donde los fármacos actúan en los procesos bioquímicos y en los neurotransmisores. La primera aseveración es que al hablar de la serotonina lo que tenemos detrás es el triptofano, este aminoácido es uno de los denominados “esenciales” para la vida humana, esto significa que el ser humano sólo lo puede obtener de fuera por la Nutrición, y que le es imposible fabricarlo a partir de otros.

En Bilbao el equipo de Neuropsiquiatría de M.P.S – dirigido por el Dr. Aizpiri- utilizó ésta vía de investigación para ver cuál es la incidencia de la nutrición en el funcionamiento del cerebro, para ello se evaluaron historias clínicas, estudio de alimentación, tóxicos y formas de vida, así como la medición de los aminoácidos libres periféricos obtenidos por cromotagrafia líquida de alta definición.

La 1ª sorpresa fue tener que trabajar no sólo con el triptofano y los demás esenciales, sino el poder conseguir obtener 38 aminoácidos libres periféricos ramificados. A partir de este momento se constató que en la depresión era factible trabajar, no sólo con el triptofano como indicador, sino con la meteonina y la felinalina en los esenciales y en el resto con la cisteina, metilhistidina, glutámico, aspártico, Fosfoesterolípidos y taurina, con lo cual, se hacia evidente no sólo que se podían cuantificar las depresiones clásicas, sino valorar el nivel de estrés cerebral por agotamiento. La 1ª clasificación trajo como deducciones que existían depresiones puras por malnutrición con o sin estrés, pero desde el primer momento lo que quedó patente es que parte importante de las depresiones clásicas ( hª clínica, test de Hamilton, etc…) tenía asociado una severa alteración de la dieta con regímenes bajos en lípidos.

Se puede decir que entre los 35 y 55 años la mayoría de mujeres que ingresa por depresión y/o agotamiento, estrés, llevaban tiempo con una dieta en la que habían restringido la leche normal tomando lácteos desnatados, bajísimo nivel de huevos, carnes rojas, pescado azul y disminución de las legumbres, en muchos casos asociado a alto consumo de cafeína, nicotina y/o alcohol. Por todo lo cual, e inmediatamente, se empezó a trabajar con cambio de dietas de aportación de aminoácidos libres asociados a los antidepresivos y únicamente utilizando éstos antidepresivos en los casos de depresión tipificado, nunca en los casos de depresión por agotamiento cerebral. En la actualidad, la práctica diaria hace que se trabaje con dosis muy bajas de medicación, produciéndose recuperaciones en un corto periodo de tiempo, recaídas bajisimas y un aumento de la calidad de vida. La reducción de suicidios en depresiones de éste equipo presenta una estadística de 1x 3000 (prácticamente inexistente) desapareciendo los casos resistentes ya que no son depresiones sino agotamiento cerebral (por lo cual no hay justificación de utilización de electroshock y dosis máximas de medicación). En la actualidad el planteamiento del escollo encontrado es el que en varios casos de agotamiento grave existe un bajísimo nivel de formación de catecolaminas a nivel suprarrenal. Hasta hace años se disponía de corteza suprarrenal vía inyectable, pero desde el problema de las vacas locas esta sustancia ha desaparecido del mercado, por lo que en estos casos aparte de la nutrición, la única recuperación es el reposo durante el tiempo necesario para que las suprarrenales puedan reelaborar catecolaminas y poner en marcha el sistema de neurotransmisión.

El sistema IRN y IRNS (inhibidores recepción de noradrenalina) inciden en esa dirección a nivel de receptor cerebral, pero si las suprarrenales están agotadas después de una mejoría ficticia se lleva al enfermo a una depresión gravísima y crónificada, es por lo que aparte de los aminoácidos periféricos es muy importante la cuantificación de catecolaminas.

El cerebro para su funcionamiento requiere de una dieta equilibrada que garantice la quema activa de glucosa. Creando péptidos simples y complejos para su neurotransmisión y con una estructura donde los lípidos y proteínas son básicos, la dieta actual de la sociedad industrial de desayunar y comer a base de eliminar los lácteos y restringir la aportación de grasa y proteínas, en un ser tan complejo bioquímicamente como son los mamíferos, conlleva no sólo un agotamiento de las células cerebrales, sino que el recambio iónico cerebral carece de sustancias de calidad para su regeneración, por lo al cabo de un año de sólo dietas, el cerebro está estructurado con organismos de “peor calidad”. A medida de que las células neuronales acometen mayores actividades por estímulos, requerirán mayor precisión en su nutrición. Es curioso que mientras a un deportista se le lleva a un estudio superespecífico de su dieta, existe por parte del personal sanitario y sobre todo de salud mental un abandono total y desconocimiento de la vital importancia de la nutrición del cerebro.
El sistema nervioso central está regulado casi completamente por aminoácidos y péptidos. En la actualidad se está reconociendo la importancia de los aminoácidos cerebrales y las terapias con aminoácidos están revolucionando el tratamiento de la patología psiquiátrica. Para terminar es importante definir con claridad qué son las proteínas y los aminoácidos:

¿QUÉ ES UNA PROTEINA?

Una proteína puede definirse como cualquier sustancia compuesta de aminoácidos unidos por enlaces peptídicos. La palabra “proteína” proviene del griego protos, “primero”, término bastante merecido, ya que es el constituyente básico de todas las células vivas. Protos también puede ser la raíz del nombre Proteus, una figura mitológica que podía cambiar de forma; y también sería apropiado, pues la proteína de los alimentos cambia de forma tras su ingestión, para convertirse en materia humana. La proteína constituye las tres cuartas partes del peso seco de la mayoría de las células del organismo. Las proteínas también forman parte de la estructura bioquímica de hormonas, enzimas, transportadores de nutrientes, anticuerpos y de muchas otras sustancias y funciones esenciales para la vida.

Las proteínas simples que constan únicamente de unos pocos aminoácidos, se denominan péptidos. Se debería de tener en cuenta que la palabra “péptido” procede del griego peptos, “cocinado”, una manera bastante poética de referirse a la digestión. Frecuentemente, los péptidos no son más que proteínas digeridas. Muchos péptidos se absorben y pasan directamente al torrente sanguíneo tras su ingestión. Al parecer, se están descubriendo nuevas funciones de estas pequeñas proteínas casi a diario. Por ejemplo, se ha descubierto que muchos péptidos actúan como neurotransmisores y como analgésicos naturales en el cerebro.

En la actualidad, los científicos tienen conocimiento de que las proteínas como péptidos se pueden absorber de forma inmediata, sin digestión, y pasar directamente a la circulación sanguínea. Sin embargo, la mayoría de las proteínas se descomponen en aminoácidos antes de absorberse. Es a estos aminoácidos, los bloques de construcción principales de la vida humana, a quien dedicamos este libro.

¿QUÉ ES UN AMINOÁCIDO?

Mientras que la palabra proteína es un término que conocemos bien, “aminoácido” puede causar confusión. Los aminoácidos están constituidos por un grupo molecular que es un ácido débil y por un grupo amino fuertemente básico. La basicidad o acidez de los aminoácidos es tan leve que no afecta al equilibrio ácido-base del cuerpo, que se mantiene gracias a la existencia de multitud de sistemas amortiguadores protectores. Así que esperamos que el inapropiado término de “aminoácido”, deje de causar confusión en nuestros lectores.

   
 

También puede considerarse a los aminoácidos como vinagres amoniacales útiles. La glicina, por ejemplo, tiene un nombre químico más correcto; el ácido alfa aminoacético. Dado que “amino” también significa amoníaco y el ácido acético es el vinagre, podemos denominar a este aminoácido “vinagre amoniacal”. Esta estructura básica hallada en la glicina se encuentra en todos los aminoácidos. Las sales aromáticas son normalmente carbonato amónico, que devuelve la sensibilidad a las personas que se han desmayado. El vinagre, cuando se añade a las ensaladas y a otros alimentos, hace que el sabor de los alimentos sea más sabroso. De manera similar, algunos aminoácidos mejoran el sabor para estimular la mente. Otros también pueden controlar la depresión o inducir al sueño. Ocho aminoácidos desempeñan funciones indispensables para la vida, se denominan “esenciales” y deben consumirse a diario.

Cuando las fracciones de ácido o “vinagre” se eliminan de los aminoácidos, las aminas básicas se convierten en las mensajeras en el sistema nervioso. Al eliminarse las fracciones amina o amonio, el grupo “ácido” restante, puede usarse como combustible, en la desintoxicación o en otros muchos procesos en todo el organismo. Los aminoácidos tienen innumerables funciones en la salud y en la enfermedad humanas.

Fuentes: Dr. Javier Aizpiri. Medicina Psicorgánica.

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